lunes, 25 de junio de 2012

Argana: mucha amabilidad, poco sabor

Muy cerca de la plaza de toros de Murcia y en una calle estrecha próxima a la plaza de Santa Eulalia, justo donde se enclava parte de la muralla árabe de la ciudad, se encuentra el restaurante marroquí Argana. En principio una buena opción para los turistas que decidan visitar los restos árabes y a continuación reponer fuerzas al estilo del norte de África. 

Fui acompañado por mi compañera Elo y nos inclinamos por el menú degustación para dos personas: Cuesta 25 euros y no incluye bebidas ni postre, pero sí el IVA. Como atención la casa invita a unos pequeños entrantes. El menú consta de una ensalada, cuscús de verdura, cuscús tfaya (con pollo y pasas), tayin de kefta (albóndigas de ternera), pincho (lo clásico 3 trocitos de carne ensartados) y rollito de pastela (carne envuelta en hojaldre). Las raciones no son demasiado generosas y uno puede terminar con hambre. Algunos de estos platos constituyen la esencia del menú del día, establecido en 12 €.

Los platos de cuscús.                Foto: Elo Durán

El Argana es un restaurante familiar dirigido por Latifa, una señora que lleva más de 20 años en España, y que atiende con una gran amabilidad. Pero lamentablemente fui al restaurante a deleitarme con el cuscús y me llevé una decepción: el de verduras estaba insípido y poco enriquecido con verduras, con abuso de la zanahoria. Algo más sabroso resultó el de pasas. Desde luego nada comparable al cúscús 7 verduras que tomé en Marraquech. Sobre el tayin y la pastela, tengo menos referencias comparativas y los considero aceptables. 

La oferta de vinos es muy reducida y a precio muy asequible: un vino blanco de la tierra, 7'50 €. Los postres, en pequeñas porciones, son caseros, con la almendra, la miel y la canela como base principal. Media docena de piezas costaron 6 €. 

En definitiva, si buscas el cuscús no vale la pena ir, pero a lo mejor conviene probar platos con cordero, el ingrediente estrella para los marroquíes.

Nombre: "Restaurante Argana"
Dirección: Calle Victorio, 12 - 30003 Murcia, España
Teléfono: +34 968 221 688
Fecha de la última visita: Junio de 2.012

Autor de la Crítica: José Manuel Requena

jueves, 14 de junio de 2012

Los Niños del Flor: Excesivo peaje para una correcta comida

Céntrico restaurante-cafetería sevillana, donde se pueden degustar la tipica gastronomía sevillana, tanto si queremos comer copiosamente, como también si solo nos apetece tapear.

Es relativamente espacioso, con capacidad de unas 8-10 mesas delante de la barra (no tiene salones adicionales) a las que hay que añadir otras tantas en los veladores exteriores.

Si queremos acabar saciados, podemos optar por raciones (carnes típicas como solomillo al whisky, presa ibérica, ...), platos de pescaito frito o platos combinados (bien presentados, a 10 €, con 8 variedades).

Y si solo preferimos tapear, tenemos diversos aliños (coquetos pero escasos, en la imagen, por ejemplo, 6€ el salpicón, eso sí servido en mesa), el típico serranito, o las tablas (de jamón, de anchoas,...), que agradecerá nuestro paladar, aunque hay que pagarlas.

Salpicón de Marisco: 6€
Cuentan con una carta de vinos aceptable para ser cafetería, y un servicio rápido y eficaz, bien dimensionado, además de una cocina ágil, por lo que seremos bien atendidos con total seguridad. 

Nombre: "Cafetería Bar los Niños del Flor"
Dirección: Calle Teniente Borges, 8 - 41002 Sevilla, España
Teléfono: +34 954 56 12 85
Fecha de la última visita: 1 de Abril de 2.012


Autor de la Crítica: Ángel M. Rodríguez

viernes, 8 de junio de 2012

Bar Monasterio: Tapas frescas y carne a la brasa

Este pequeño pero coqueto establecimiento, decorado como un pequeño mesón con chimenea incluida, compagina una de las mejores brasas del sevillano barrio de San Jerónimo con un original tapeo, todo dentro del marco que da un barrio obrero, es decir, sin excesos.

De entre su brasa, lo más económico (pero no menos suculento) es el churrasco de cerdo (unos 400 gramos por 5 euros), contando también con presa, solomillo y secreto y, saliendo del cerdo, pollo y ternera, aunque con no muy amplia variedad, y entre sus tapas, destacan las croquetas de cabrales, empanadillas argentinas, bolitas de setas con jamón, aliños originales (combinando mariscos y salsas) que suelen cambiar cada semana, así como pescaíto frito (incluido albures en adobo) o caracoles, siempre en temporada evidentemente además de, como todo establecimiento sevillano que se precie, el serranito y el solomillo al whisky.

Churrasco a la Brasa: 5€
En cuanto a las instalaciones, no es un establecimiento amplio, tiene capacidad para unas 6 mesas que rodean a una barra en forma de "U", que en verano se amplían con los veladores esteriores, y en cuanto a la carta de vinos no es excesivamente amplia, ya comento que no es un restaurante de mesa y mantel, pero destaca una cualidad que pocos bares tienen en Sevilla y menos aún en la zona Norte - Macarena: granizada de limón natural todo el año y, por supuesto, como buena cervecería, recomendable la cerveza de barril casi helada, a -2ºC (aunque con esto de la crisis la clientela está tirando últimamente de botellines).

Nombre: "Bar El Monasterio"
Dirección: Calle Navarra, 49 - 41015 Sevilla, España
Fecha de la última visita: 12 de Mayo de 2.012

Autor: Ángel M. Rodríguez

domingo, 3 de junio de 2012

LONDRES: Si me pierdo, que me busquen en el Museo Británico

Pocas semanas antes de que Londres se convierta, como dirían los griegos, en el ombligo del mundo con ocasión de los Juegos Olímpicos, creo que puede resultar de cierta utilidad contar algunos detalles del viaje que realicé a la capital británica en el verano del año 2009. Lo hago sobre todo pensando que algún buen amigo de Facebook tiene proyectado viajar a Londres el próximo julio.

Como todo el mundo sabe, Londres es una ciudad inmensa, con un clima poco soleado y algo fresco en verano, con precios bastante elevados y una oferta cultural impresionante. En lugar de apostar por una semana ó 6 días en el típico hotel de 3 estrellas situado a 4 ó 5 kilómetros de Picadilly Circus, me incliné por restarle un día a la estancia para alojarme en un hotel de 4 estrellas, definido como de semilujo en el folleto turístico y ubicado a 3 minutos de Trafalgar Square, el Charing Cross A Guoman Hotel, con habitación doble a unos 100 euros en verano, pero con un desayuno formidable incluido. Creo que fue un acierto total. Durante 5 días no tuve necesidad de utilizar metro ni autobús, con ahorro de tiempo y el encanto adicional de ir descubriendo la ciudad a cámara lenta, paso a paso. El auténtico desayuno inglés ofrecido en el Charing Cross me permitió cargar pilas por la mañana a las 8, a base de un par de huevos, jamón, quesos variados, tostada, mermelada, zumo y café. Más o menos estos eran los alimentos ingeridos cada mañana, acompañados en alguna ocasión por yogurt o croissant. De esta forma acumulaba energía para andar kilómetros por la ciudad, andando quemaba las calorías ingeridas, y ahorraba dinero -y tiempo- en el almuerzo de mediodía. La céntrica situación del hotel, en The Strand, permitía llegar al Parlamento, la National Gallery, Westminster o el Soho en pocos minutos. Con otra ventaja adicional. Como el cambiante tiempo de la capital británica sorprende con frecuencia con rachas de viento y lluvia, poco indicado para pasear por maravillosos parques como el de St James, no hay mejor fórmula cuando asedia el mal tiempo que refugiarse en la cercana National Gallery, justo al lado de la estatua de Nelson. Con entrada gratuita, en este magnífico museo se pueden admirar entre otras joyas "Los girasoles", de Van Gogh, y la "Venus del espejo", de Velázquez, además de renombradas obras de Cezanne, Canaletto, Rembrandt y Caravaggio.


José Manuel Requena ante el Big Ben.      Foto: Elo Durán

Independientemente del tiempo o de cualquier otra circunstancia, mi objetivo central de la visita a Londres no era ir de compras -yo desde luego no pisé Harrods y pasé de largo por Oxford Street- sino perderme al menos un día entero, con un mínimo de 8 horas en el Museo Británico. Creo que es uno de los mejores lugares del mundo para perderse. La entrada es gratuita, pero el formidable libro-guía por 6 libras te ilustra de una manera muy práctica. Además del libro, la audioguía en español también resulta muy conveniente.

Desde el maravilloso patio principal de entrada, bajo un magnífico techo de acero y vidrio, se puede comenzar la visita por las maravillas de Egipto, con la piedra Rosetta, el proceso de momificación, cabezas gigantescas de Ramsés II y Amenofis III o ataúdes de sacerdotisas de Amón. Dentro del museo hay cafeterías y restaurantes para hacer una parada y reponer fuerzas, a precios módicos.

Tras Egipto, bajo la denominación del Próximo Oriente Antiguo, se exponen fantásticas obras de Mesopotamia. La estatua colosal de león alado con cabeza humana, del palacio de Asurnasipal II o la escultura de marfil de una leona atacando a un nubio son piezas maestras, tan deslumbrantes como los relieves de los palacios asirios. El mundo griego puede representar el broche de oro a una jornada intensa de varias horas. Las esculturas del Partenón, el ánfora de Aquiles matando a Pentesilea o el monumento de las Nereidas representan tres de las mejores muestras exhibidas.

Ya en la calle, -el Museo Británico se halla muy céntrico-, se puede optar por la zona comercial de Oxford Street, recorrer el encantador Covent Garden, con magníficos espectáculos de mimo en sus plazas, o acudir a tomarle el pulso al Soho, para mí la mejor opción. Desde Leicester Square, poco más o menos como la Puerta del Sol en Madrid, cualquier dirección es buena porque hay de todo en todas partes. La comida inglesa tiene muy mala fama, -me refiero al fish and chips- y yo siguiendo el consejo de un camarero español no lo probé. Este compatriota aconsejaba las comidas étnicas como las de India, Pakistán y Bangladesh. Seguramente tienen la mejor relación calidad-precio por los miles de restaurantes que hay, pero como no me gusta el picante, opté por los chinos. En Gerrard Street, en pleno Soho a un paso de Leicester Square, hay al menos 40 restaurantes chinos. Pero diferentes a los de España y no me refiero a la decoración. Son chinos no del sur del continente, como los de aquí, sino chinos de Hong Kong. Los patos, expuestos a centenares en los mostradores, son el reclamo principal, junto al dim sum, pequeñas masas rellenas muy sabrosas. Por menos de 50 euros, incluida la bebida, puede cenar muy bien una pareja en estos restaurantes de la calle Gerrard, donde la competencia es muy fuerte. No lejos de allí, la cadena Wagamama tiene varios restaurantes, para degustar comida asiática por menos de 50 euros (del año 2009). En Wagamama cobraron 8,25 libras por un plato de pollo con arroz y 3,85 libras por una copa de vino francés.

Otra alternativa, para los amantes de la carne, es acudir a alguno de los numerosos steak house, que anuncian como gran reclamo la ternera Angus, del norte de Escocia. En el steakhouse de Cranbourn Street, la experiencia no me convenció nada. El solomillo de Angus, cortado muy grueso, y quizá muy hecho me resultó seco. Y además lo cobraron a 18 libras. El restaurante, caro como muchos del Soho, ofrece cerveza Guinnes a 3,40 libras o una copa de vino francés 4,75 libras. Y todo ello con un mensaje en la factura que dice “Servicio no incluido” y “las propinas son bienvenidas”.

Cumplido el objetivo de visitar los grandes museos, se puede elegir entre las siguientes opciones: subirse a la Noria, frente al Parlamento (para algunos es muy cara), recorrer Westminter para hacer fotos o dar un paseo en barco por el Támesis. Yo lo hice y no lo repetiriá porque el Támesis a su paso por Londres tiene menos encanto que el Sena en París o el Danubio en Budapest. Otras alternativas turísticas son visitar la catedral de San Pablo, la abadía de Westminster (muy recomendable), ver las joyas de la Corona en la Torre de Londres (muy recomendable) o armarse de paciencia y hacer fotos al vistoso cambio de guardia en Buckingham Palace. Si queda tiempo, hay ganas y sobra presupuesto se puede rematar la noche en algún teatro del Soho con atractivos espectáculos musicales.

Autor de la Crítica:  José Manuel Requena